No sólo fue China, sino también el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades, dependiente de la UE, el que puso a disposición de España una lista con empresas fabricantes de test de coronavirus que ya habían superado una primera criba de fiabilidad en estudios clínicos. El listado tenía una enorme utilidad, pues de esta forma los distintos Gobiernos de la Unión Europea podían comprar en el mercado material sanitario de forma segura.  ¿Y qué hizo Pedro Sánchez?, se preguntarán ustedes. Pues en lugar de ponerse en contacto con algunas de esas empresas de probada fiabilidad, optó por adquirir 640.000 test a la empresa china Bioeasy a través de un intermediario nacional cuya identidad no ha querido revelar. Pruebas que luego tuvieron que ser devueltas por su escasa sensibilidad para detectar el Covid-19.

El Gobierno se niega a identificar a la empresa o persona que hizo de intermediario en una demostración más de la falta de transparencia que caracteriza a un Ejecutivo reñido con la verdad. Lo cierto es que el Ejecutivo de Sánchez dio ‘luz verde’ a la compra -pago por adelantado- a una firma que ni siquiera figuraba en la lista de las empresas recomendadas por la embajada china en España.

La pregunta que todavía no ha respondido Pedro Sánchez es por qué teniendo un doble listado de empresas seguras -el facilitado por la UE y el ofrecido por China- decidió comprar los test a una compañía que no aparecía en ninguna de las dos. El estudio de la agencia de la Unión Europea había sido conducido por una entidad independiente, que entre el 9 de febrero y el 11 de marzo había recibido más de doscientas pruebas diagnósticas de todo tipo, incluidas también, pero no recomendadas en el informe, las que terminó por comprar el Gobierno socialcomunista. O sea, que la agencia de la UE prueba los test  «fake» chinos, no los incluye en la lista -por no ser eficaces- y Sánchez los compra en contra de todas las recomendaciones. A eso se le llama ser un necio. Se creyó más listo que nadie y los españoles terminaron pagando su osadía. No fue un error, fue una negligencia mortal que en cualquier país serio del mundo tendría responsabilidades penales.

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