El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presionado este miércoles desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados a la titular del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, quien investiga la celebración multitudinaria del 8-M pese a que el coronavirus estaba ya desbocado en la capital para entonces. «¡Viva el 8 de marzo!», ha jaleado el jefe del Ejecutivo desafiando a la juez y al trabajo de la Guardia Civil en sus informes como Policía Judicial.

En la sesión de control al Gobierno celebrada en la Cámara baja, Sánchez ha tratado así de intimidar a la magistrada, justo antes de que tome declaración al delegado del Gobierno en Madrid, el socialista José Manuel Franco, imputado por un presunto delito de prevaricación.

Ésta ha sido la forma elegida por Sánchez para respaldar entre líneas a la ministra de Igualdad, Irene Monterotras su confesión del 9-M, así como al titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, después de que la oposición haya pedido su dimisión por la polémica destitución del coronel Diego Pérez de los Cobos. Interior le acusa de no mantenerle informado de la investigación del 8-M, algo totalmente ilegal.

En su intervención para solicitar la sexta prórroga al estado de alarma hasta el próximo 21 de junio, Pedro Sánchez ha acusado también a la oposición de utilizar «la bandera de todos» como «arma arrojadiza» o como si fuera una «frontera que separa» para atacar al Gobierno durante la pandemia del coronavirus. «La bandera es la de todos, representa nuestra lengua y nuestro paisaje, pero sobretodo nuestra voluntad de vivir juntos», ha señalado el presidente socialista.

Sánchez ha afirmado que «hay muchas formas de concebir nuestro país y nuestro futuro, pero todos ellos son España». El jefe del Ejecutivo ha manifestado que «nuestros padres no se sacrificaron para esto», para crear «unos símbolos que fueron creados para lo que nos une, que es mucho más que lo que nos separa».

En este sentido, Sánchez ha enfatizado que «el virus no puede ser el pretexto para dividir, para combatir al adversario». Pese a que su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, ha sido el responsable de crear algunas de las polémicas políticas más sonoras de los últimos días, acusando a PP y Vox de llamar a la insubordinación del Ejército o «querer un golpe de Estado», Sánchez ha criticado «la mezquindad e irrelevancia de la pequeña política».

«El veneno es el odio»

Así mismo, el líder socialista ha señalado que la palabra «virus» en latín significa «veneno» y ha apuntado que no quiere que ese veneno que se está viendo en algunos lugares como en EEUU, en su opinión, «cuaje» en España. «El veneno es el odio, es el más dañino porque corroe las sociedades y aniquila las comunidades», ha subrayado.

De este modo, Sánchez ha llamado a decir «no al veneno del odio, no a la violencia física, no a la violencia verbal, no al insulto y no a la provocación» y ha reclamado «concordia» en la reconstrucción del país y una «nueva actitud política».

Además, como hiciera ayer la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, en llamada telefónica a los portavoces parlamentarios, Sánchez ha querido «rogar» a los diputados que, aunque muestren sus discrepancias con el Gobierno, lo hagan sin descalificaciones ni insultos, sin presunciones de culpabilidad, sin acusaciones gruesas de mala fe y también sin acusaciones de «conspiraciones inverosímiles».

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